Este texto fue transmitido al español en diálogo con Alberto Acosta. Su versión no es solo una traducción, sino una respuesta resonante.
Un continente al borde del abismo
Europa no es pobre en conceptos. Se ha dotado de los Derechos Humanos, la Ilustración, el derecho internacional, la Carta de los Derechos Fundamentales.
Pero la Naturaleza apenas aparecía en ellos, como mucho como recurso. Nunca como contraparte. Nunca como titular de derechos. Nunca como sujeto.
Ese era y es nuestro punto ciego. Y tiene consecuencias.
Nos enfrentamos a puntos de inflexión ecológicos que nos superan no solo científicamente, sino también culturalmente.
¿Y si el verdadero problema no fuera el clima, sino nuestra concepción del mundo?
La invitación del sur
«Los Derechos de la Naturaleza no significan otorgarle derechos a la Naturaleza, sino reconocer que siempre los ha tenido».
– Alberto Acosta
Desde Ecuador, Bolivia, Colombia, Nueva Zelanda, India y Canadá nos dicen: la Tierra no es un objeto. Está viva. Habla.
Con el «Buen Vivir», los pueblos indígenas nos invitan a abrir nuestra visión del mundo.
No a adoptarla, sino a transformarla.
Porque Europa también tuvo en su día vestigios de esta relación:
- En la cosmología celta.
- En el misticismo de Hildegarda de Bingen, Francisco de Asís o Meister Eckhart.
- En el romanticismo, la filosofía natural, la razón poética.
¿Qué pasaría si, en lugar de imitar las voces indígenas, aprendiéramos a escuchar de nuevo nuestra propia profundidad?
La relación olvidada
Europa ha desacralizado sus bosques, domesticado sus ríos y convertido su tierra en propiedad privada.
A esto lo llamamos progreso. Pero, ¿qué hemos dejado atrás?
Lo que falta no es solo la sostenibilidad. Es la relación. Es la resonancia.
Los Derechos de la Naturaleza no son un truco jurídico.
Son un cambio cultural: de la extracción a la relación, del control a la coexistencia.
Del derecho de propiedad al derecho de la Tierra
¿Qué significa esto desde el punto de vista jurídico?
- Que los ríos, las montañas y los bosques pueden ser reconocidos como sujetos de derecho.
- Que se les da voz a través de guardianes, comunidades indígenas e instituciones responsables.
- Que los intereses económicos no tienen automáticamente prioridad, sino que deben sopesarse con el bienestar de la Tierra.
En Ecuador, el derecho de la naturaleza está recogido en la Constitución.
¿Y en Europa? Todavía está lejos. Pero también en proceso de gestación.
La responsabilidad de Europa
Europa exportó el colonialismo, perfeccionó la extracción y transformó el planeta.
Por eso, este continente no solo tiene la culpa, sino también la responsabilidad de dar marcha atrás.
No moralmente.
Sino culturalmente.
Europa podría ser un espacio en el que lo antiguo y lo futuro se encuentren.
Donde los derechos fundamentales no terminen en la frontera de las especies.
Donde la Naturaleza no se proteja de nosotros, sino con nosotros.
Un mañana diferente
Los Derechos de la Naturaleza no son un ideal romántico. Son un nuevo realismo.
No responden a las crisis planetarias con control, sino con relación.
Europa, si lo recuerda, puede:
- Transformar la responsabilidad.
- Sanar la historia.
- Y quizás, por primera vez, formar parte de la Tierra, no solo ser su administradora.